Con el paso del tiempo y la transformación de la sociedad al formar
parte de nuestras vidas las nuevas tecnologías de la información: el internet,
las redes sociales y demás han contribuido a que nuestra vida sea más pública
que nunca: somos los protagonistas de nuestro Twitter, nuestro Facebook,
nuestro Instagram, nuestro blog, etc.
Como consecuencia directa, muchos
momentos que tradicionalmente formaban parte de la vida privada de las personas
han pasado a ser de índole pública. Algunos están en Youtube, y han recorrido
las pantallas de todo el mundo.
Una de las acciones que da lugar a montarse una película al más puro
estilo hollywoodiense y que ha pululado por internet con más éxito es la
proposición matrimonial. No es de extrañar, pues el acto lo contiene todo:
heroicidad, suspense, romance, emoción y, en muchas ocasiones, tintes de
musical.
No obstante, no deja de resultar curioso, pues el momento en que uno
emite la célebre pregunta es íntimo, velado, para dos. En estos casos modernos
y cibernéticos, ni el novio –que es quien siempre lleva la iniciativa de montar
el consabido vídeo– ni ella parecen vergonzosos o tímidos. Más bien ocurre al
revés: sólo al espectador, en algunos momentos, puede surgirle una cierta
vergüenza ajena, fruto de lo impúdico de airear así un momento tan íntimo.

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